

Me gusta pensar que los recuerdos viven en los detalles más pequeños, en esas cosas que normalmente terminan olvidadas en un cajón, y quizás por eso siempre llevo la cámara conmigo. A día de hoy sigo sintiendo la misma emoción cuando encuentro una historia que merece ser contada. A veces es una pareja, otras un lugar, una marca o una persona. Supongo que, después de tantos años, sigo haciendo exactamente lo mismo que cuando era niña: observar, guardar recuerdos y llevarme un pequeño pedazo de ellos conmigo.
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